Papa Francisco… arrivederci!


Hasta la vista, querido Papa Francisco

Un agradecimiento personal desde el corazón de una extranjera que encontró consuelo en su voz.

Voy a sentir que me falta algo…

Sí, aquel saludo de los domingos: ”¡Arrivederci!”

Pronunciado con mi acento “itañolo”, ese que tiene el encanto de las letras que suenan tras los dientes —la “c”, la “s”…— esas colocadas entre vocales, como cosi, cosa, casa… cieco, cielo, etc.

Las dobles consonantes, las palabras españolas que a veces se cruzaban en su discurso…



La perfección no existe.

Puedo hablar como él, con ese tono latino, pero no puedo tener su corazón. Ese que sabe expandirse al mundo entero con palabras de consuelo, de paz, de serenidad… ¡de amor!


¿Qué más puedo decir?

No hay manera de expresar lo que uno siente cuando sabe que la vida se escapa en un soplo. Me da temor saber que se va un ser humano que logró transmitir esperanza, que nos empujó a seguir adelante pese a la adversidad.

Y si este vacío se prolonga en el tiempo… llegarán más crisis.

Y yo me pregunto: ¿más que las que ya vivimos, se pueden soportar?

Tenemos que buscar la luz al final del túnel.

¿Qué sería un mundo sin la opción de una guía espiritual como la figura del Papa?

El único que no se detuvo ante la necesidad de cambiar la manera de mirar la vida, de invitarnos a ver el universo humano con otros ojos.

¿Y qué decir de aquellos que se lavan la conciencia con excusas, diciendo que no podían actuar de otra forma?

Faltan muchas cosas que la Fe debe revisar, para que su interpretación nos permita construir un futuro con perspectivas más humanas, a medida que la evolución exige flexibilidad, comprensión… y menos mortificación.

Me daba consuelo escuchar sus discursos.

No solo por el contenido, sino por la forma en que me hacía sentir identificada con él. Me hacía sentir “normal”, cuando sentía en la televisión sus pláticas, él era humano, cercano, aun con un ruolo enorme.


Cuando eres extranjera en una tierra donde puedes ser bien recibida… o no tanto… no es fácil, aunque tengas toneladas de autoestima.

Se complica la manera en que te relacionas con la comunidad.


Yo guardaré estos años del pontificado de Papa Francisco como un tesoro que cargará mi alma de energía cuando empiece a vacilar.


Él escribió en Fratelli Tutti:

“La indiferencia es cómplice de las injusticias.”

Y en otro párrafo leí:

“El desempeño moral”, una reflexión sobre el poder del mal cuando seguimos viviendo bien mientras otros sufren.


Esa frase se me quedó grabada en el alma.

Tal vez por eso el mundo está como está.


Yo llevo casi 30 años viviendo en un país que parecía similar al mío… pero nada es igual en este mundo.

Por eso venimos: para aprender a vivir.

Con lecciones dolorosas y con momentos de regocijo.


Yo, seguramente, vine a combatir una guerra de injusticias.

Y lo hago por amor.


Un día, si Dios me concede unos añitos más, les contaré todas mis experiencias.

Para que sepan que vivir en Italia no fue llegar a disfrutar de un país maravilloso… sino, más bien, una especie de examen íntimo de fuerza y de resiliencia eterna.


Creo que todo estaba programado.

Porque filtrar todas las dificultades de la vida como extranjera en Italia…

todavía hoy

requiere

ánimo

y gran entereza.



Tal vez porque crecí sin la figura paterna.

Aunque mi madre fue una gran mujer, y supo sustituir a mi padre con una fuerza admirable,

ella fue especial.

Me enseñó que la vida no es nada fácil,

pero también que se puede vivir con dignidad, amor y valentía, incluso en medio de la adversidad.


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